Tamariz, el campeón se retira

Juan Tamariz realiza un truco de cartas en el cielo mientras un ángel observa sorprendido con una pila de papeles y Dios intenta descubrir el truco pensando: «Juro por Dios que esta vez lo pillo...». Tamariz pregunta: «¿Lo repito?»

Juan Tamariz (1942-2026) se ha marchado dejando algo bastante más valioso que un repertorio de trucos imposibles: una forma propia de entender la ilusión.


Su figura pública —el pelo desordenado, el violín invisible y aquel “chan-ta-ta-chán” convertido en patrimonio acústico popular— era tan arrolladora que a menudo eclipsaba al cerebro analítico. Detrás del showman estaba uno de los grandes teóricos de la cartomagia contemporánea. Tamariz no solo engañaba al espectador; lograba algo mucho más complejo: engañar a los propios magos y hacer que corrieran a estudiar cómo lo había conseguido.


Sus numerosos reconocimientos internacionales no hicieron más que certificarlo: desde el Primer Premio Mundial de Cartomagia de la Federación Internacional de Sociedades Mágicas (FISM) en París (1973), pasando por el reconocimiento de la propia FISM a su aportación a la Teoría y Filosofía de la Magia (2009), hasta el Masters Fellowship concedido por la Academy of Magical Arts en Hollywood (2012), su máximo reconocimiento.


Pero su verdadero legado estaba en el método. Mientras el público buscaba la trampa en la mano, él trabajaba en la mente de quien miraba: en su atención, sus recuerdos y sus certezas. La baraja era la herramienta, pero el escenario real siempre estuvo dentro del cerebro del espectador.


Durante seis décadas, 52 naipes le bastaron para recorrer el mundo haciendo que las cartas aparecieran, viajaran y se comportaran de forma opuesta a lo que recomienda el fabricante.



Hoy el campeón guarda la baraja.


Quedan 52 cartas sobre la mesa.


Bueno… 51.


Con Tamariz nunca conviene contar demasiado deprisa.